viernes, 1 de junio de 2018

5 consejos de higiene vocal (clase de voz)

En la entrada anterior hablé de la importancia de la proyección de la voz para evitar cansarnos y hacernos daño en las cuerdas vocales. Pero además de no gritar, también debemos evitar otras malas costumbres para tener nuestro aparato fonador al 100% de sus capacidades. A continuación enumero las cinco recomendaciones más importantes que les recalco a mis alumnos en mis clases de voz:
  1. Al hablar en espacios grandes, evitar la tendencia inconsciente de levantar la barbilla, es un vicio que nos puede dejar afónicos. Lo hacemos sin darnos cuenta porque queremos que nuestra voz llegue lejos, pero conviene recordar que la voz es un sonido, una onda, no un proyectil sólido, por eso no es necesario elevar el ángulo del cañón para ganar distancia. No superar nunca los 90º entre mandíbula y cuello.
  2. Evitar contrastes de temperatura y corrientes de aire, sobre todo de ventilación y aires acondicionados. Proteger el cuello del frío y no carraspear. Cuando estornudemos, ponemos la mano en la boca por civismo pero conviene dejar que salga todo el aire en libertad para no dañar las cuerdas vocales.
  3. No fumar ni respirar humos. Tomar solamente bebidas con nada de alcohol, nada de gas y nada de frío. Se recomiendan infusiones de jengibre y tomillo, endulzándolas con miel mejor que con azúcar.
  4. Antes de una presentación, beber agua a temperatura ambiente. Eso ayuda a relajar, hidratar y respirar mejor. Podemos hacer una expiración completa para colocar bien nuestra respiración natural.
  5. Si vamos a hablar por un micrófono, para no amplificar los sonidos naturales de la saliva y obtener una vocalización más limpia, un remedio casero es comer antes una manzana verde, regula la salivación.

martes, 1 de mayo de 2018

No hables alto, habla ancho (clase de voz)

Una de las preguntas que más se repiten entre mis alumnos es cómo conseguir que nuestra voz tenga mayor presencia, se escuche mejor y llegue más lejos en una sala. La primera idea que se nos viene a la mente es hablar más alto, aumentando nuestro volumen como si de un equipo de música se tratara, pero pronto nos damos cuenta que nuestras cuerdas vocales se resienten, y nos hacemos daño hasta el punto de poder quedarnos afónicos. ¿Cuál es la solución? Mejorar nuestra resonancia sin gritar.

Es aquí donde se hace palpable el refrán "más vale maña que fuerza", es decir: más vale la buena manera que la fuerza bruta. Nuestras cuerdas vocales, al igual que las cuerdas de una guitarra española, se escucharán mucho mejor si les dotamos de resonancia, como lo hace la caja de resonancia de la guitarra, es decir: ya no es necesario rasguear las cuerdas violentamente, no hace falta gritar, lo que importa es tener resonancia. Poniendo otro ejemplo: para llenar de música una sala, no sirve de nada poner auriculares subiéndoles al máximo su volumen, mejor utilizar unos bafles.

Entonces, ¿cómo llenar la sala de nuestra audiencia con nuestra voz sin dañar nuestras cuerdas vocales? Para ello recurrimos a otra capacidad de nuestro aparato fonador: la proyección de la voz. Esta magnitud puede ilustrase gráficamente como una variable más junto a nuestro volumen de voz, y ambas definen el área de una tercera magnitud que sería la resonancia, la cual es la que queremos aumentar. Por ello, el rendimiento que buscamos no se limita a una sola variable, si no a dos, y si subir nuestro volumen de voz nos hace daño, la solución es clara: ensanchemos nuestra proyección.


Visto que nuestra resonancia no depende únicamente de hablar más alto, la solución es fácil: hablemos "más ancho". Otra metáfora que englobaría estos tres conceptos sería: para que el agua saliente de una manguera llegue más lejos (esto sería una mayor resonancia), podemos reducir la apertura de su boquilla para darle más presión (esto sería gritar) o bien abrir más el grito al que está conectada para que salga con mayor caudal (esto sería proyectar). La finalidad de la proyección se basa en hablar con más cantidad de aire y armónicos, y desafortunadamente esto es difícil de explicar con palabras o incluso audios. Pensemos en una ópera: no es lo mismo escucharla reproducida por un dispositivo de música que en directo sentados en una butaca del teatro. Bien, pues cuando tengamos que hacer una exposición oral, y más aún cuando no dispongamos de micrófono, debemos proyectar.

Pero... ¿qué significa "proyectar" exactamente? Significa que debemos aprovechar con eficiencia todos los recursos de los que disponemos en nuestro aparato fonador, como lo hacemos en una bicicleta de marchas cuando usamos todas sus catalinas y piñones, haciendo que nos cansemos menos. Nuestra voz, en términos metafóricos, dispone también de varias catalinas y piñones, pero debido a malos hábitos, malas posturas gestuales y limitaciones puramente de conducta, nos condenamos a pedalear con una única marcha de nuestra bicicleta vocal, haciendo que nos cansemos más. Un ejemplo para cada una de estas tres observaciones anteriores serían, respectivamente: fumar y beber alcohol, llevar ropa de talla no adecuada para nuestro cuerpo y querer impresionar sacando pecho y metiendo barriga.

Por ello, más que añadir algo externo, debemos despojarnos de lo innecesario: desaprender malas costumbres. Nuestro aparato fonador ya es un diamante perfectamente acabado, no hay que añadirle brillo, ya lo tiene, pero para que brille en su máximo esplendor debemos procurar limpiarlo de manchas e impurezas que se adhieren a él. Esto se logra haciendo múltiples ejercicios, que deben ser supervisados en directo, y también evitando esas malas costumbres, las cuales os contaré con mayor detalle en la próxima entrada.

domingo, 1 de abril de 2018

No hables en blanco y negro (clase de voz)

Otra de las diapositivas estrella que he diseñado para mis clases de voz es la que os muestro aquí. En esta entrada vimos la metáfora de cómo la voz tiene tinta, ahora veremos que esta tinta puede tener colores.

Cuando le explico a mis alumnos lo que significa la "monotonía auditiva" comparándola con el "monocromatismo visual", captan al instante esta idea y se acuerdan de ejemplos como las voces robóticas que se escuchan en la megafonía de estaciones de tren o en algunos navegadores GPS. En esos casos no importa que dichas voces carezcan de matices, porque decir números o "derecha" e "izquierda" no da lugar a confusión, además que cuando escuchamos esos mensajes ya estamos muy atentos por nuestro propio interés, pues nos preocupamos en no perder un tren o no confundirnos de ruta en el coche.

Sin embargo, cuando estamos en una exposición oral en la que queremos transmitir algo con eficiencia a un público, es nuestra responsabilidad hacer interesante nuestro discurso, para captar la atención de nuestra audiencia y que sencillamente no desconecte por aburrimiento (pueden oír pero dejan de escuchar). Por ello, enriquecer nuestro contenido con pasión, ayuda al oyente a quedarse con el mensaje. Por poner un ejemplo: no podemos decir con la misma línea melódica "este equipo de fútbol ganó por 2-1 y este otro ganó por 6-0", lo que debemos hacer es remarcar la victoria del segundo con mucha más euforia. Pero algo mucho más importante es no dar lugar a confusión en frases que tienen idéntica escritura pero distinto significado según el matiz que le demos oralmente, y eso sólo se consigue con nuestra voz repleta de colores. No hacer esto último sería lo mismo que hablar en blanco y negro, y nos puede jugar malas pasadas como que no se distingan tres mensajes diferentes, lo que en nuestra metáfora se traduce a que no se distingan las banderas de Irlanda, Italia y Francia:


Por ello es fundamental cargar de intención lo que decimos, porque una cosa son las cuerdas vocales y otra bien distinta es la voz. Lo mismo sucede con la dentadura y la sonrisa, o los ojos y la mirada, lo primero es estático, lo segundo no. Es ahí donde debemos marcar la diferencia: nuestra voz, sonrisa y mirada sí depende de nuestra personalidad y no de nuestro cuerpo, y esa manera de transmitir emociones es lo que realmente llama la atención de nosotros y lo que ayuda a fijar recuerdos en los demás. En conclusión: cuanto más expresivos seamos, también con nuestra voz, mejor será recibido nuestro mensaje.

Un ejemplo final con dos esculturas distintas: el Discóbolo de Mirón y el David de Miguel Ángel, no podemos reducirlos a lo mismo por estar igual de quietos al ser esculturas, el primero transmite el inminente lanzamiento del disco con fuerza, y el segundo, la concentrada puntería para vencer a Goliat con la honda. Remarca los matices, no hables en blanco y negro.

jueves, 1 de marzo de 2018

Onda vocal decadente (clase de voz)

Siguiendo con mis píldoras gratuitas on-line de la formación que doy en directo, hoy traigo una observación muy importante para cuando nos dispongamos a hacer una exposición oral.

De todas las diapositivas que he diseñado para poner en el proyector en mis clases de voz presenciales, ésta es de las que más me siento orgulloso por lo ilustrativa que resulta. Sencillamente imaginemos que nuestra voz se convierte en una pluma estilográfica, de más antiguas, con las que era necesario tener a mano el tintero para recargarlas de tinta antes de que ésta se acabase. Pues bien, imaginemos ahora que no tenemos la delicadeza de recargarla y se nos queda sin tinta antes de acabar una frase:


Esto es exactamente lo mismo que sucede con el sonido de nuestra voz muchísimas veces cuando hablamos en público, no mantenemos el volumen al máximo hasta el final de una frase, porque no sabemos hacer las pausas necesarias para tomar aire (recargar la tinta de nuestra pluma), o bien nos agotamos por no saber llevar una respiración correcta y perdemos fuelle por el camino (porque estamos con demasiado aire en los pulmones debido a los nervios, y eso también ahoga).

En consecuencia nuestra audiencia se está perdiendo gran parte de nuestro contenido, y por educación o vergüenza nadie se atreve a interrumpirnos para decirnos "perdona, ¿podrías hablar más alto?", porque por otro lado ya estás hablando en voz alta, pero sólo mientras tengas el suficiente aire en los pulmones o mientras no te agotes por el exceso del mismo. Lo que sucede es que nuestro volumen de voz, expresado gráficamente respecto al tiempo, define una onda decadente que deja de ser audible al pasar de cierto umbral.

Podemos evitar esto ya con el simple hecho de tenerlo presente, pues la toma de conciencia es en sí un primer paso hacia la mejora. Lo siguiente que podemos hacer es tomarnos la licencia de hacer más pausas en nuestro discurso, pues los signos de puntuación en lengua escrita pueden tener el silencio que necesitemos oralmente; es ahí donde podemos respirar tranquilamente para dosificar nuestro aire. Finalmente, los ejercicios de relajación con ciclos de respiración medidos por tiempos, que ya he recomendado en esta entrada, nos ayudan a recuperar nuestra respiración natural. Esto último es muy útil previamente a una intervención en público, ya que también calma nuestros nervios provocados por el miedo escénico.

jueves, 1 de febrero de 2018

Una breve clase de voz

Desde hace dos años imparto clases de voz off-line, ya sea en escuelas de formación o en jornadas universitarias, para profesionales de la comunicación. He pensado que puede ser un buen momento para compartir on-line algunas píldoras de lo que hago.

Para empezar, ésta es la pirámide donde metafóricamente ilustro las tres partes de nuestro aparato fonador. Los diferentes órganos principales que producen nuestra voz están colocados en la misma orientación que en nuestro cuerpo, y desde los pulmones siguiendo el recorrido que haría el aire hasta el exterior:

Una vez visualizado esto, haremos ejercicios de relajación, calentamiento y articulación para mejorar nuestra respiración, resonancia y dicción respectivamente. Y éste es mi regalo gratuito: tres ejercicios para trabajar cada una de esas áreas.
  • Ciclos de respiración de 10 segundos: inspirar durante 4, retener el aire 1 segundo, expirar durante 4, aguantar 1 sin aire en los pulmones, y repetimos este ciclo nuevamente. Podemos apoyarnos viendo un cronómetro o escuchando el tic-tac de un reloj mecánico. Esto logra una respiración más natural. Más adelante podemos aumentar el ciclo a 16 segundos con tiempos de 6-2-6-2 ó 5-3-5-3.
  • Bostezar lenta y profundamente: esto nos ayuda a abrir, calentar e hidratar la garganta con todos los músculos que la componen.
  • Hacer pedorretas con los labios: exactamente igual que los caballos después de relinchar, lo que hace nuestra boca quede más suelta para una mejor vocalización.

Clasificación de entradas